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Ian Kershaw, al escribir su biografía sobre Hitler afirma que “el material escrito sobre el mismo tema asciende a 120,000 trabajos”. Nada parecido ocurre con los “Tres Grandes”, Churchill, Roosevelt y Stalin, pese a que fueron los victoriosos.
¿Por qué se habla tanto de Hitler? Tal vez porque el público lo pide. Tal vez porque no se le ha dicho toda la verdad. Tal vez porque persisten contradicciones y porque la propaganda —que estaba justificada en la guerra— ya no lo está durante la paz.
El capitán inglés Liddell Hart había anhelado, naturalmente, el triunfo de Inglaterra. Sin embargo, y a pesar de que a
Ian Kershaw, al escribir su biografía sobre Hitler afirma que “el material escrito sobre el mismo tema asciende a 120,000 trabajos”. Nada parecido ocurre con los “Tres Grandes”, Churchill, Roosevelt y Stalin, pese a que fueron los victoriosos.
¿Por qué se habla tanto de Hitler? Tal vez porque el público lo pide. Tal vez porque no se le ha dicho toda la verdad. Tal vez porque persisten contradicciones y porque la propaganda —que estaba justificada en la guerra— ya no lo está durante la paz.
El capitán inglés Liddell Hart había anhelado, naturalmente, el triunfo de Inglaterra. Sin embargo, y a pesar de que aún había un ambiente de pasiones populares, tuvo la suficiente objetividad para consignar que Hitler no había querido la guerra con la Gran Bretaña; que su objetivo era liquidar “la amenaza comunista de la URSS”; que los prisioneros aliados fueron bien tratados y que los ejércitos británicos derrotados en 1940 pudieron escapar de Dunkerque debido a que Hitler los dejó escapar, con la esperanza de que Inglaterra accediera a hacer la paz. Siendo uno de los máximos especialistas en estrategia militar, Hart escribe: “Hitler estuvo muy lejos de ser un estratega estúpido. Más bien dicho, fue uno y muy brillante, y adoleció de las faltas naturales que acompañan a la brillantez.
Invariablemente se elude reseñar con veracidad cómo se fue dando el origen y el desarrollo de la guerra. Ocultando que Hitler invadió Polonia el 1º de septiembre de 1939 para ganar frontera con la URSS y luego liquidar al comunismo, que mediante su Revolución Mundial amenazaba desde luego a Europa. Se soslaya que tres días después de esa fecha, los Imperios inglés y francés le declararon la guerra a Alemania, con el pretexto de defender a Polonia, pero en realidad para salvar a la URSS, pues Polonia fue abandonada al dominio marxista. Que en ese momento no existía absolutamente ningún problema real entre Alemania y los Imperios occidentales que ameritara la guerra. Que reiteradamente Hitler ofreció la paz y fue rechazada, incluso a Hess —jefe del Partido Nazi— que voló a Inglaterra antes del ataque a la URSS. Que Roosevelt y Wall Street nunca fueron neutrales, pues enviaban armas a Churchill y Stalin. Roosevelt llamaba “tío Joe” a Stalin, y a la URSS la llamaba “democracia”.
Tantos años después, aun se sigue hurgando en Hitler y en la guerra, pero con el propósito de ocultar o deformar que existió una Tercera Posición ideológica-política-económica, que tuvo éxito, y que por lo mismo es vilipendiada y prohibida por decreto a fin de que en el orbe sólo sean válidas las derechas del gran capital o las izquierdas del odio de clases.
Aquella Tercera Posición planteó que para que una nación prospere necesita libertarse de la sujeción económica usurera. También señalaba que los préstamos extranjeros hunden, en vez de ayudar, porque someten a los países endeudados.
A la vez demostraba que la Economía no es un ente al cual tenga que servir el pueblo, sino un instrumento para el progreso nacional. Ese ente no tiene una existencia propia —como las estaciones del año o la fuerza de gravedad—, sino que es manipulada por especuladores que se esconden detrás de terminajos presuntamente científicos.
Asimismo, señalaba que el Estado tiene la prioridad de dar pleno empleo realizando obras productivas, cuyo rendimiento respalde luego al dinero emitido, sin necesidad de préstamos externos.
Haciendo un repaso de la historia de Hitler, tanto en sus facetas de pintor, como la de soldado y Führer, Salvador Borrego logra ubicarlo en su sitio en la Historia Universal y explicar sus acciones como político, como militar y como hombre.
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